miércoles, 18 de mayo de 2011

La Almenara de Gata - 8-5-2011

Preparandonos para comenzar,
desde el pueblo de Gata.
La Sierra de Gata es una comarca al noroeste de Extremadura, perfilada por las últimas montañas del Sistema Central. En ella destacan la Bolla Grande (1.519 m), el Jálama (1.492 m) y las Jañonas (1.367 m). Las laderas de estas montañas están escalonadas por arcaicos bancales, donde se cultiva la vid y el olivo. También ocupan gran parte de sus tierras extensas masas forestales donde prevalece el pino, además de algunas manchas de castaños, robles, encinas, madroñeras,... acompañadas por una tupida alfombra vegetal de matorrales de brezo, jara,... es una comarca cargada de historias, cuentos y leyendas, que ha ido atesorando por el devenir de sus gentes, ya que sus tierras a lo largo del tiempo, han sido asentamiento de diferentes pueblos y culturas.
El día 8 de mayo del 2011, realizamos una ruta de senderismo, que partiendo del pueblo de Gata, ascendimos a la Almenara (1.001 m), y desde este punto descendimos al pueblo de Torre de Don Miguel, y desde aquí regresamos al pueblo de Gata. Esta ruta circular, no entraña ninguna dificultad para su realización, y sin embargo deleitara nuestros ojos con las maravillas de su agreste entorno y el verde de sus bosques.
Como es de rigor por mi parte, antes de pasar a exponer las fotografías que tome en el recorrido, les hare una pequeña descripción de la torre fortaleza de la Almenara, y posteriormente a esto, les relatare una leyenda de las muchas que tiene esta hermosa comarca. en concreto esta procede del pueblo de Acebo.
TORRE DE LA ALMENARA
Es famosa la Torre de la Amenara en la localidad de Gata. Se construyó en el siglo XIV, a base de mampostería de granito. Su emplazamiento, en lo alto de una atalaya, indica claramente el carácter defensivo de esta edificación. Pero esta torre fue construida sobre la obra anterior, cuando en 1.212 Alfonso IX de León se la arrebató a los moros, junto con el castillo de Santibáñez, de donde dependía esta torre. La torre ocupa el punto más alto del escarpado cerro. Es de planta pentagonal, hecha con piedra y cal, con sillares en sus cinco esquinas. En su pleno apogeo según se especifica, en una visita que se hizo a la fortaleza el 29 de Julio de 1.549, existía una barrera de piedra seca alrededor de la torre. Dentro del recinto, junto a las murallas, se encontraban las caballerizas, con dos habitaciones encima y la torre del homenaje, único resto persistente en la actualidad.
Aún perdura parte del baluarte redondo situado delante de la puerta. Desde aquí se accedía a la torre por una escalera de mano, a modo de puente levadizo, con el fin de facilitar su aislamiento y seguridad para la defensa.
EL ERMITAÑO Y EL RAYO
En la falda de la Sierra de Jálama, existió, hace muchos años una ermita, la ermita de San Casiano, oculta a la mirada del pasajero, por un frondoso bosque y rodeada de innumerables cuevas. Vivía en dicha ermita Martín, un buen anciano, que, según contaban los que lo conocieron, perteneció a distinguida y rica familia cacereña.
Los padres de Martín tuvieron dos hijos, el nombrado y José. Martín y José eran genios muy opuestos. Mientras el carácter del primero era díscolo, atrevido, temerario, el de José se distinguía por su obediencia y sencillez.
Ocurrió un día que Martín, desoyendo los consejos de sus padres, propuso a su hermano que le acompañase a una cacería. José le advirtió, una y mas veces que no era prudente tal propósito por desconocer ambos el manejo de las armas de fuego. No debio convencerse Martín cuando a la puesta del sol salieron los dos hermanos provistos de flamantes escopetas y otros efectos necesarios. Internáronse en un espeso bosque.
Eligieron dos sistios de aguardo por donde según Martín, debían pasar algunos corzos. En actitud expectante estuvieron los dos hermanos poco más de media hora, cuando el ruido de pasos, hizo suponer a Martín que se acercaba alguna pieza. No se engañaba. Dos hermosos ciervos cruzaban a poca distancia de él. Martín montó precipitadamente la escopeta; sonó un disparo y alpoco rato, se oyó un ¡Ay! lastimoso producido por una leñadora; la bala había atravesado un brazo de la pobre mujer, cuya presencia pasó inadvertida para Martín en el momento crítico del disparo.
Poco tiempo después, Martín prometía ante un cuadro de la Virgen una penitencia como expiación del delito que su imprudencia le hizo cometer. Han transcurrido cuarenta años desde los anteriores sucesos. Martín es ermitaño de San Casiano. Se mantiene de las limosnas que recoge en los pueblos inmediatos, si bien pasa plaza en algunos de poseer una inmensa fortuna.
Era una cruda tarde de invierno. Una imponente tormenta se formaba en el espacio. Martín postrado de rodillas, ante un crucifijo que pendia de las paredes de una cueva próxima a la ermita, fue alevantarse cuando cuatro manos hercúleas le sujetaron por el cuello. El ermitaño incorporóse como pudo y se encontró frente a frente de dos hombres que le dijeron: venimos por tu fortuna o por tu vida.
Mi fortuna, contestó el anciano, la tengo desaparecida hace cuarenta años, y mi vida pertenece a Dios: No mientas, -dijo uno de aquellos hombres- venimos a por tu tesoro, y si nos lo niegas morirás sin remedio. Pasaron algunos segundos de silencio interrumpido por Martín que con sonrisa de mártir exclamó: Pues bien, señores, salid de esta cueva y os enseñaré el lugar donde guardo mi tesoro. ¿Conocéis el corpulento árbol llamado Matusalén, que hay al terminar el puente de los Gitanos?
Si, dijeron los bandidos. Pues meted la mano en el hueco que hay en dicho árbol y encontraréis el tesoro que tengo.
Si nos engañas, - se atrevió a decir uno de aquellos hombres, - pagarás con tu vida. Os juro que no, -replicó Martín. Los bandidos tomaron la dirección que el ermitaño les había dado. la tormenta continuaba cada vez más imponente. Los bandidos caminaban deprisa. Al llegar al puente, que les había indicado Martín, los truenos y relámpagos se sucedían con frecuencia. La lluvia era torrencial. Al siguiente día el ermitaño se dirigió al árbol Matusalén, estuche de su tesoro. ¡Gran sorpresa recibió el pobre viejo! Al pie del árbol había dos cadáveres carbonizados por una chispa eléctrica. Postróse de rodillas Martín, rezó por ellos, y metiendo después la mano por el hueco del árbol Matusalén, sacó un libro con forro de pergamino en cuyas pastas se leía: "Tesoro del Alma".

El amigo Moncho.

Ermita del humilladero.

Comenzamos a caminar.

Naturaleza exuberante.

Paisaje, donde se mezclan los
cultivos y el monte.

Vadeando un pequeño arroyo.

Robles y helechos.

Seguimos caminando.

Panorámica.

Al fondo Gata.

Comienza la ascensión a la Almenara.

Todos para arriba.

Ya se divisa entre la bruma.

¡Vamos! Que ya es nuestra.

Hubo tiempo en la subida hasta
para las poses.

¡Aquí no sube nadie!

Que tengo rehenes y estoy
dispuesto a todo.

Ahora que se ha metido para adentro,
es la mía.

¡Me cachi! Lo que me está costando.

Aprieta, que un poco más,
y los aplastamos.

El pueblo de Cadalso.

La Almenara vista desde otra vertiente.

Bosque de robles.

Los duendecillos del bosque.

Sendero que nos llevaría a
Hernán Pérez.

Iglesia de Hernán Pérez.

Antigua cruz de piedra.
Alto en el camino antes de regresar al
pueblo de Gata, la cual ya veíamos, y donde
concluiríamos nuestro recorrido.

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